miércoles, mayo 11, 2005

molecular gastronomy?


A partir de las invenciones culinarias del catalán Ferrán Adriá en su restaurante El Bulli, en la Costa Brava del noreste de España, calificado por algunos como el mejor restaurante del mundo, o al menos el más futurista, han surgido algunos ambiciosos y creativos chefs gringos que emulan a su líder pero, igual que en Hollywood, sus platillos les quedan más aparatosos y con menos sabor. Y el comensal, así como el cinéfilo, los disfruta sabiendo que se trata de una producción con distintas ambiciones. Mientras que en El Bulli las exageraciones carnavalescas finalmente sirven para producir un sabor más puro, en los otros se trata de obtener aplausos –y dinero- y divertir, aunque estos lugares tienen de loable por ejemplo integrar comida chatarra a la comida elegante (igual que los diseñadores de alta costura incluyen formas de vestido callejero), como en el caso de las paletas de paté glaseadas con puré de galleta salada, o las balas de helado de Kentucky Fried Chicken. El asunto es utilizar herramientas de laboratorio para des-construir la comida –o la bebida (el vino blanco es un rectángulo de gelatina de uvas junto con las nueces y frutas que evoca). Al desconstruir y reconstruir la comida, los ingredientes quedan al revés, como cara de Picasso. La versión alterada de mi favorito sandwich de mantequilla de cacahuate con mermelada llega como una uva pelada tibia sumergida en puré de cacahuate y envuelta en cuerno de pan. La ensalada de palmito trae los palmitos no bañados en un aderezo, sino rellenos de vinagreta de café con ciruela pasa y de pan negro con trufa. Y en vez de melón con rebanadas de jamón serrano, éste viene en tiritas deshidratadas pegadas a una espuma de toronja. ¿Cómo serán los inventos mexicanos una vez que llegue acá esta extraña tendencia? Recuerdo un amigo moto que cocinó huevos revueltos a la mexicana integrando el aguacate y los frijoles que iban al lado. ¿Será parecido?

 

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