jueves, septiembre 30, 2004

dinner with pauline



Pues nada, acepté ir al Hábita con Terry a cenar algo y beber mucho, y resultó que había evento: la presentación del nuevo sushi bar en planta baja. Allí estábamos, de lo más tranquis, platicando nuestras megaventuras findesemanescas, las suyas en París (¡la odio!) y las mías aquí mesmo -pero muy bien acompañado- cuando se empezó a llenar el lugar. Saludamos a Ana Gorospe, que acaba de asociarse con Caras para echar a andar un asunto de modelos (traerá 60 chicas de Argentina para su evento de enero -en avión, dijo ella (sí, pero en container, como para pasar la frontera de Chiapas, pensé)- que les costará millones a los anunciantes) y se veía divina en su kaftán bibi look, al Sergio Berger prince of jewelery en su onda macho nada que ocultar pero mirándome para asegurar que yo no revelara nada nadita, al Micha lindo dueño del lugar, al lentudo de la Madrid y a otros socialités mexicas de aparición incesante en foto de revista. De repente, nuestra mirada se desvió a una linda chica rubia y flaquita, frágil y tímida. Terry dijo así como esa niña prefiero traer mi pelo, lleno de chinos, en vez de lacio como hoy, y yo dije parece una copia barata de Paulina Rubio. Pero oh circunstancia, ¡era la perra favorita de Astrompeta! La miré con desenfado estudiantil, abrí mi siempre lista V300 y disparé. No satisfecho, me acerqué cual vil fan tercermundista y le di un beso, le mostré la foto y dijo está de huevos. Regresé con Terry, pregunté si eso era bueno o malo -dado el ojo chueco y la cara de chimuelita- y de inmediato envié la pesca del día al email del titán de los berrinches, para que se pusiera más verde. Ah, y los reporteros nos tomaron fotos de pareja a Terry y a mí, pero no creo que lleguemos al Quién, por ser los de más avanzada edad. ¿Y a quién le importa? Alaska, te extrañamos.

 

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